El toque de un ángel

Alonso Cardoza


Había escuchado tanto acerca de la Muerte. En cada conversación, el tema adquiría un tono distinto. Hubo quienes hablaron del terror que ellos sentían por presenciar más cerca “su llegada” y otros que expresaron el deseo de conocerle en un sentido irónico, que denotó el aprecio que sentían a sus vidas. En mi caso, jamás revelé que, contrario a lo que los demás pensaban sobre la figura de la Muerte como ese ente temido y tenebroso, para mí era un ángel.

Mi hipótesis por comprobar que la Muerte era un ángel se volvió una obsesión personal que me persiguió hasta en mis propios sueños. No dejaba de investigar sobre el tema, pues mi curiosidad no mostraba signos de satisfacción suficiente que me obligaran a detenerme. Mi mente pareció infectarse de una materia oscura que contaminaba cada pensamiento que cruzaba por ésta cual virus que me carcomiera por dentro, sin alguna posible cura; y por un par de días, me creí víctima de los delirios de una mente invadida por el caos sobrenatural. Al menos… eso pensaba.

Pasaron semanas y semanas, pero mi hipótesis de la Muerte no me abandonó, sino que se volvió predominante. Ahora mis ojos veían sombras donde no las había y putrefacción que aún no sucedía. Mi vista no fue el único sentido que jugó conmigo, pues a ésta se le unió el tacto. A veces tocaba un par de dedos delgados y fríos que recorrían mi antebrazo. A esto se le sumó mi olfato. En mi habitación, el olor del almizcle y el humo llenaba mi espacio personal. No pensé en la posibilidad de que, con mi terrible y enfermiza obsesión, hubiera llamado la atención de la Muerte.

Incluso si sonaba tentador “llamar la atención” de un ente, después comprendí que no era por los motivos que pensaba... El verdadero motivo no me decepcionó. Cuando fui testigo de su presencia, me encontraba acostado en mi cama mientras escuchaba la lluvia caer sobre el techo de mi casa. Sentí el peso de un torso huesudo inclinarse sobre mi cuerpo y, cuando abrí los ojos para comprobar si el doctor Álvaro estaba tomándome la temperatura, pude observar un rostro pálido y delgado de facciones andróginas, muy similar a un ángel en una pintura religiosa.

La Muerte me apartó unos mechones de la frente y me observó por unos segundos. ¿Comprobaba acaso que yo era el hombre correcto que estaba buscando? Luego de su examinación, me pasó un frío dedo por la frente y me trazó un símbolo, que, hasta el día de hoy, sigo sin comprender su significado. Entonces, me besó. Fue un beso cálido y suave, diferente a lo que esperaba. Un acto tan efímero que bastó para que su cuerpo desapareciera de mi vista y no volviera a verle nunca.

Que si voy a morir, no lo sé. Sólo puedo asegurar que, desde que la Muerte me besó, comencé a ver las cosas diferentes. Encontré la belleza en la muerte. Me fascinó el proceso de descomposición de los cadáveres con el paso del tiempo, de los minutos que pasaban luego de que una persona perdía su vida y de la manera en que la gente reaccionaba cuando alguien cercano fallecía. Eso me llevó a pensar que había sido bendecido con el don de ver la hermosura que podía ofrecerle a un mundo que necesitaba de la Muerte para su balance.

Ahora veía la vida con sus ojos, tocaba el mundo con sus dedos y compartía su pasión por llevarse las almas de las personas. La Muerte se volvió mi amante. Lo supe desde que me besó y me marcó con su dedo, un toque que no se apartó de mi piel. Su amor jamás me abandonó y su memoria quedó grabada en mí, añorando su regreso.

Dicen que uno siempre hace las cosas por quienes ama. Que es capaz de desempeñar cualquier acto con tal de obtener amor o aprobación emocional de parte de la otra persona amada. También lo he experimentado. Es por eso que he matado a tantas personas, porque no pierdo la esperanza de volver a encontrarme con mi amante, la Muerte, cuando vuelva para recoger cada alma.

"El ángel de la muerte", Domenico Morelli (1897).

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Alonso Cardoza (Río Grande, Zac., 2000). Licenciado en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas y profesor de Literatura, Ciencias Sociales y Filosofía. Ha publicado cuento en la revista virtual mexicana Irradiación. Fue seleccionado para integrar la antología Sensaciones y sentidos XI de la editorial Diversidad Literaria, próxima a ser publicada.

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