La utopía de Tomás Moro: no hay tal lugar. ¿Existirá algo similar?

Ezequiel Carlos Campos

En la utopía de ayer,
se incubó la realidad de hoy,
así como en la utopía de mañana
 palpitarán nuevas realidades.
José Ingenieros


NO HAY TAL LUGAR

Para este ensayo tendré nada más una idea: la utopía. ¿La utopía de quién? ¿Acaso mía? Tomaré como base la utopía más famosa de todas, la de Tomás Moro, ese soñador, pensador, político, escritor, humanista, político y ser humano. Y es que existen otras utopías, claro está. Se encuentran la de Platón en su obra La república, la de Agustín de Hipona, La ciudad de Dios, o las de Aldous Huxley en La isla y Un mundo feliz, sólo por nombrar algunas. También analizaré el lugar de Un mundo feliz para complementar y hacer una comparación con la isla de Moro. Entonces, ¿qué importancia tendrán las utopías en nuestro tiempo?, ¿servirán de algo?, ¿no nos vemos como soñadores subjetivos al pensar en una utopía? Para entrar al desarrollo de este trabajo, tomaré la acepción, tergiversada, por cierto, del verdadero significado de Utopía, a la de proyecto, de sistema o idea que se plantea; o como la de un sueño, un anhelo sobre algún tema, la de un mundo idealizado. La definición que Tomás Moro le dio a su utopía –que él fue el que planteó el nombre– es la de “No hay tal lugar”; lugar que no existe, sólo se concibe en la idea. Tomaré algunas ideas de utopías que ha habido a través del tiempo para llegar a una conclusión, a ese lugar anhelado, o esa idea. Y me planteo la siguiente pregunta: ¿habrá algún lugar similar al que pensó Tomás Moro?


LAS IDEAS DE UNA UTOPÍA. UTOPÍA DE TOMÁS MORO

Las ideas de Tomás Moro en su libro Utopía son las siguientes: la de una isla y habitantes que viven en una comuna, donde todo es de todos, donde las familias eligen a sus gobernantes, de trabajos obligatorios que los ciudadanos tienen que realizar sin ser a la vez obligatorios, donde se ama a la naturaleza y el placer es sinónimo a la felicidad, donde no se matan a los que cometen algún crimen sino les dan trabajo porque es más provechoso que la muerte, la guerra es visto como cosa bestial, aunque están preparados por cualquier ataque, donde hay libertad religiosa y, aunque nadie tenga nada, todo lo tienen.
La utopía de Tomás Moro es interesante, es quizá el modelo base para muchas teorías modernas, ya sea en política, en filosofía, o simplemente como modelos literarios de alguna ciudad. Lo que quiso Moro fue una ciudad en paz, en su caso una isla, donde la democracia sea la que gobierna y la paz se respire como se respira el aire. Cuando se lee el libro se percibe alegría, de que Tomás Moro, al escribirla, en verdad soñaba que sus ideas aportaran algo después. Esa sensación la muestra en el personaje que hace el viaje a la isla de Utopía, Rafael Hitlodeo. Cuando narra sobre la isla repite mucho que es el mejor lugar del mundo. ¿Por qué dirá que es el mejor lugar del mundo? Porque en la fecha que se publica el libro, esas ideas importantes, quizá no tan novedosas por las influencias que tuvo Moro al realizar su utopía y por las ya antes utopías, son vistas y aceptadas por el pueblo y la historia en que se dan a conocer. Era el mejor mundo posible. ¿Pero sería posible?
Para no adentrarme más en estos aspectos, las ideas que tuvo Tomás Moro en un futuro fueron puestas en práctica, ya lo moderno entraría, y no sólo por el pensamiento del escritor inglés, sino por los demás que se interesaron en plasmar ideas sobre un mejor mundo, ya sea en cualquier tema o ciencia. Es arriesgado decir que fue Tomás Moro el que inició una revolución idealista, que más adelante llegarían los ilustrados y se haría la Enciclopedia. Pero lo que sí es seguro, es que las ideas de un mejor mundo, de ahora en adelante, ya no serían las mismas, se les daría importancia al sinnúmero de pensadores que realizaron, planearon, pero al fin mostraron, ya no una idea ficticia, sino que trataron de darle vida  a esas ficciones, poniéndolas en práctica.  


UN MUNDO FELIZ, TAN FELIZ COMO EL DE LA ISLA DE UTOPÍA

Otra utopía que tengo muy clara es la que nos muestra Aldous Huxley en su magnífico libro Un mundo feliz. Como el título lo dice –que ya nos da su propia utopía al principio– busca un mundo feliz, y digo lo busca porque es una ficción, saliéndonos de la historia, viéndolo al exterior. Ahí se lee que: la ciencia afecta al individuo humano, pero es la ciencia la que domina el mundo, que el conocimiento significa poder, o de quien controla y usara el conocimiento, tendría el poder; no se piensa en la felicidad, para que esa felicidad no destruya sus emociones. Encuentro algunos puntos similares a la utopía de Tomás Moro: también en la de Huxley existe la idea de que todo pertenece a todo, el mundo trabaja para el mundo. Claro, es distinta la perspectiva de uno y otro autor, la fecha de publicación de sus obras son muchísimos años una de otra, el contexto histórico en el que se vive es otro, y en el mundo hay otras necesidades. Algunas diferencias que encuentro entre una utopía y otra son que en la de Huxley sí hay diferencias entre los seres, hay los que gobiernan, los que son de una clase y otra, con distintos privilegios. Aparte que la gente tiene pocos sentimientos: sólo emociones positivas; esto se hace bajo los efectos de una droga, y esa droga sirve para mantener la paz en el mundo.
El mundo feliz de la historia de Huxley es, a la vez, una ficción, una visión que el autor plasma en las hojas, con sus palabras, el decir que el mundo se está destruyendo, que se necesitan, a fuerza, nuevas formas de vida, nuevas ideas políticas, de pensamiento, etcétera. De ahí que nazcan las utopías: de lanzarse al vacío y, mientras se cae, pensar en el mejor de los mundos, para palparlo por lo menos unos segundos, antes de caer en algún punto, o morir, y nunca ver, con los propios ojos, ese mundo soñado. Muy probablemente Huxley pensó en la utopía que escribió Tomás Moro mucho tiempo antes, una utopía que, como se habló al inicio del trabajo, es la base de las utopías modernas.


OTRAS UTOPÍAS, OTROS SUEÑOS

A través de la historia encontramos nuevas ideas sobre cualquier cosa. Las utopías más importantes que han cambiado el pensamiento del mundo, para mí, a parte de las que he analizado, son las siguientes: las ideas de Platón, que puso de manifiesto un mundo ideal donde todos vivieran felices y con satisfacción, sólo era posible si ese mundo era justo. La de san Agustín es la de una ciudad espiritual, fundada por Dios y en ella reinarían el amor, la paz y la justicia. Algunos ejemplos de utopías modernas son las del comunismo, del socialismo, el capitalismo, o una global como la paz mundial, el liberalismo libertario, por decir algunas.

¿LAS UTOPÍAS MODERNAS SON UTOPÍAS?

Algunos autores dicen que las utopías modernas son diferentes a sus predecesoras, o sea, la de Moro, la de Platón. Otros explican que nada más las utopías se dan en la modernidad. Las utopías de la modernidad están orientadas al futuro, son progresistas, y sobre todo un reclamo frente al orden de cualquier índole; las utopías expresan una rebelión frente a la realidad y propone una transformación.
Sea como sea, bajo el término que se utilice o más se quiera –porque se encuentra que las utopías se llaman también cronotopías, protoutopías, etcétera–, las utopías, a través del tiempo, de la historia, han cambiado. Eso es cierto, el término se ha tergiversado, ya no son las mismas ideas. Todo ha cambiado, y lo más seguro es que las utopías también se transformen. ¿Cuál será el futuro de las utopías? ¿Si se cumplen esas ideas ya no existirán utopías? Lo más seguro es que siempre haya utopías, y ellas serán las que formen el futuro de los futuros. Por eso la importancia que le doy al epígrafe de este trabajo, a las palabras de José Ingenieros: que en la utopía de ayer se incubó la realidad de hoy, y en las utopías de mañana palpitarán nuevas realidades. En otras palabras, las ideas de antes sirvieron para los pensamientos de hoy, y los pensamientos de un futuro harán que nazcan nuevas ideas.


CONCLUSIÓN: ¿MI UTOPÍA?

Todas las utopías, dice Victoria Camps, “tienen en común dos rasgos: describen sociedades que están fuera del mundo, en ningún lugar, y describen sociedades cerradas, sin contaminación exterior, inmóviles y férreamente ordenadas”.[1] Lo que las distingue es que dibujan condiciones muy necesarias para poder conseguir lo que las sociedades reales nunca muestran: el hombre libre, la igualdad de todos los hombres. Y es que es cierto lo que dice Camps, las utopías, todas, están fuera del mundo, de nuestra realidad, son ficciones bien planteadas, ciudades cerradas, que parece que nunca se destruirán. La utopía siempre será una utopía, una idea, nuestro futuro perfecto, los anhelos sobre el cómo vivir y el buen vivir.
¿Habrá alguna similitud entre todas las utopías? Sí, el nombre, la descripción, la necesidad y el mismo resultado. ¿Mi utopía? Mi utopía es la utopía.



BIBLIOGRAFÍA:
CAMPS, Victoria, Breve historia de la ética, España, RBA, 2013.
HUXLEY, Aldous, Un mundo feliz, México, Editores Mexicanos Unidos, 2010.
MORO, Tomás, Utopía, México, Porrúa (Sepan Cuantos, 282), 2012.




[1] Victoria Camps, “El Renacimiento: la invención del sujeto: las utopías renacentistas” en Breve historia de la ética, España, RBA, 2013, p. 137.

Comentarios

  1. Interesante artículo. He leído también Un mundo feliz, y con respecto a las utopías modernas, creo que aunque quizás la obra de Moro no diponga de los recursos narrativos de la primera, ni de las referencias tecnológicas y sociales tan claras, la prefiero. Me gusta el carácter pedagógico directo, sin divagaciones, de Tomás Moro. Es cierto que hace un análisis desde la perspectiva del Derecho, y que recrea también una "utopía social", pero me parece una crítica más honesta, sin artificios :)

    Creo que las utopías modernas tienden más a la distopía. Puede verse cómo 1984, de Orwell, se escribió como una crítica que poco a poco se convierte en una realidad, tal vez como una consecuencia misma de la obra...

    Comparto con vosotros el audiolibro de Utopía, de Tomás Moro:

    https://www.youtube.com/watch?v=AI2ylY6nGxI

    Espero que os ayude a animaros a conocer la obra.

    Un saludo

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