El oficio del héroe. Tres poemas de Juan Moisés Orozco


El oficio del héroe

toda vida tiene épica
hasta la más simple
burocrática
solitaria vida tiene épica

las gestas nacen del dolor
del reluciente vestido azul de la tragedia

todo afligido es héroe
sin importar el tamaño de la penas
—no hay dragones pequeños
ni ejércitos sin poesía—

miramos las cuentas
como muros de alguna ciudad perdida
los exámenes huelen a campo de batalla
y de la noche aún surgen brujas
formulando las preguntas del vacío

¿qué adolescente no ha sido Menelao?
¿qué amantes no han puesto
una espada en medio de la cama? ¿qué esposo no sintió las ponzoñas de Otelo
filtrándose por un costado
y al amargarse el corazón
desear un homicidio
el lunes por la tarde?

Del libro Las Yeguas Nocturnas.


La otra casa de Asterión

y mientras tanto tú no llegas aún para salvarte y salvar a esa mujer
que según dices
debe ser salvada.
José Carlos Becerra

Siempre alguien que espera a algún otro,
que nunca vuelve.
 Siempre alguien que quiere a algún otro que no lo quiere.
Y al fin uno busca destruir a ese otro,
no importa quien sea, para que no nos lastime más.
Ray Bradbury

I
Mi sino es la roca y el fuego
la masacre y la huida,
rey de serpientes,
corruptor de las fieras.

La historia de siempre
con los enemigos de siempre.

El héroe y su sueño intranquilo.
La princesa siniestramente frágil.
Olvidan mi soledad, el vacío,
como el corazón de un dios
o quizá de un hombre.

Claman las flores,
las balas, las tortugas.
Rugen los peces y las nubes.

La amada —la suya, la mía—
se oxida en este castillo
tan lejano del mar.

Vendrá por ella y no temo
¿será hombre o reptil?
¿será ambos?
¿acaso será como yo?

II
—¿Lo creerás, Princesa? —dijo Mario—. Bowser apenas se defendió. 

Del libro Las Yeguas Nocturnas.


No has muerto camarada

concentremos en un solo golpe
en la punta de una lanza
(lanza de tiempo
de un compacto instante de universo reunido en una arista)
toda la rabia y el rencor
toda la noche que nos han arrojado
los sangrientos crímenes cometidos contra la mayoría
las doradas calaveras que decoran los templos y oficinas
los cerdos que juegan a ser gárgolas
el hambre convertida en traición
los espectros recorriendo las calles con sus triunfos romanos

concentremos toda esa materia negra
esta tormenta y sus fantasmas
en un celestial golpe del verdugo
acabemos de una buena vez
con los rapaces en plaga que pueblan las comisarías
con los heraldos que simplemente transcriben el poder
con cada madriguera cada cueva cada rincón
que pueda dar abrigo a patrones y a sicarios

matemos a los poetas que maquillan el terror
que venden sus versos por un filete y un micrófono
y no infaman al régimen
agradecen humildemente a sus benefactores
duermen a los niños con inofensivos cuentos
y a la hora de dormir se dicen para sí
que nada malo hay en cenar con los monstruos

vamos a hacer astillas de los asesinos
serán pasto nuestro sus haciendas
han de arder sus mañanas como ardieron las nuestras
poblaremos sus pesadillas
les daremos caza en el pedazo de esperanza que les quede

y en medio de todas sus cenizas
volveremos a dar forma al mundo



Juan Moisés Orozco (Zacatecas, Zac., 1988). Licenciado en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Autor del libro Las Yeguas Nocturnas y la cartonera Juegos de Azar. Ha pertenecido al taller de creación y crítica literaria coordinado por Mauricio Juan José Macías. Ha sido locutor en los podcast Cine+ y Reset Lounge, jugador semirofesional póker, así como editor y reseñista para la revista digital Reset. Actualmente desarrolla aburridas tareas burocráticas en el Instituto Municipal de Cultura de Guadalupe.


Las Yeguas Nocturnas, Ediciones de Medianoche, 48.



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